miércoles, 5 de mayo de 2021

EL DADAÍSMO O LA NEGACIÓN DEL ARTE

 








Obras:
1) L. H. O. O. Q.
La ideología dadaista se sirve de la concepción clásica, adaptando cambios en obras clásicas. En este caso, sobre la Gioconda.
2) Fuente.
Obra expuesta en Nueva York bajo un seudónimo. Fue criticada por el mismo autor, partícipe así mismo del jurado de la exposición, intentando confundir la realidad y criticar así la forma controladora de la sociedad.
3) Otro fotomontaje, éste de The Engineer, Grosz.
4)Elasticum; Hausmann. Fotomontaje que consistía en la inserción del papel en el dibujo.
5) La gran aportación de la imagen dadaista, es la creación de cabezas sin cuerpos, así como la representación del ser humano con forma mecánica, ser con su autonomía oprimida por la sociedad. Obra "Parade Amourense", de Picabia



EL DADAÍSMO O LA NEGACIÓN DEL ARTE


    El manifiesto Dadá nace en el año 1918, con el objetivo, entre otros, de hablarnos de la muerte de la belleza.

    En 1920 se reunieron en Berlín una serie de pintores dadaístas bajo el lema “El arte ha muerto”, en torno a una exposición de maniquíes coronados con una cabeza de cerdo y vestidos con el uniforme del ejército alemán. Querían con ello hacer valer el carácter antiartístico, antipoético y antiliterario, dejando constancia de este modo que no querían fabricar obras de arte, sino crear objetos que lo liberasen de las cadenas tradicionales que amordazaban lo considerado como arte. Ese fue el principal objetivo de Picabia y de los vanguardistas que le siguieron. Según ellos, la obra de arte considerada verdaderamente moderna, no debe de estar hecha por artistas, sino por simples hombres. El artista y el hombre, la obra y el objeto. O sea, recoger utensilios cotidianos de lo más variado reciclados incluso de las basuras, y presentarlos como obras propias bajo el contexto dadaísta de la negación del arte.

    Rebeldía, búsqueda de la subversión, insurgencia, juventud, insatisfacción, desenfreno, apasionamiento.¿Cómo definirlos? En todo caso, un cóctel muy duro sólo apto para almas dolidas, desafiantes e irreverentes. Estas proclamas dadaístas resonaban ─aún resuenan─ en los oídos, con acento agudo y pertinaz, el del grito de la negación sistemática remarcando el fin del arte moderno. Tal actitud los emparentaba con el surrealismo, al cuestionar y considerar relativo todo lo estimado como arte hasta ese momento. En ello, en la práctica constante de la negación, encontraron ─o lo creyeron─ la libertad creadora.

    En realidad fue una cornisa al borde del abismo, una barca a punto de zozobrar. Pero había algo psicológico, en esa revolución artística y estructuradora, que precipitó la apertura de una crisis profunda en su propio seno. No era para menos, pues buscaban camino orientándose hacia el propio presagio, no otro que la abolición del arte. ¿Qué hacer sin el arte? ¡Qué hay después de él? ¿Qué nos queda? Fue una revolución que podía negarlo todo, protestar, hacer actos irreverentes, reírse en los funerales, llorar en las bodas, doblegar y trastocar todas las reglas de la convivencia pues todo era criticable.

    Tristán Tzara, fue quizás el primer abanderado de la causa. Cual gurú del grupo predicó su verdad, que no era otra que el escepticismo llevado a los límites de la razón, llegando a sentenciar: “Dadá no es nada”. Y no era nada, porque Dadá no era un isnmo. No podía serlo, pues estaba en contra de todos los ismos habidos y por haber. No se buscaba nada. No se quería nada. Sólo había que estar contra de los manifiestos. En ese contexto, las obras no podía durar más de cinco minutos en sus exposiciones, tenían que ser fugaces; incluso en las puertas de algunas exposiciones, se colocaron palos para que los concurrentes acabasen a golpes con lo allí expuesto.
    Algunos claros exponentes del dadaísmo fueron, los franceses Francis Picabia y Marcel Duchamp, el estadounidense Man Ray, o el cineasta alemán Hans Richter. Todos ellos intentaron hacer catarsis manifiesta de sus sentimientos y contradicciones sin límites ni destellos. Fueron esclavos del tiempo que los tocó vivir, un tiempo que los envolvía en la realidad abrumadora de un mundo pervertido, desarraigado y destruido. Seguro que la declaración en 1914 de la Primera Guerra Mundial, tuvo mucho que ver en todo este asunto.


Barcelona. Marzo de 2017.
©Teo Revilla Bravo.







4 comentarios:

  1. Gracias por haberme empapado del arte

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  2. Respuestas
    1. Te agradezco que pasaras por aquí, pero la verdad es que no tengo tiempo ni siquiera para mantener al día este blog. En todo caso vi tu blog y entendí que es para motivar a la gente, eso está muy bien, pero supongo que no requieres más seguidores para sentirte feliz en esta vida. Saludos.

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